miércoles, 11 de enero de 2017

MILAIKA (cuento corto)


Había una vez un niño, que quería escribir un cuento… no quería que comience con “Había una vez”, entonces intentó con “Y comieron perdices”, pero le dio mucha pena por las pobres perdices…
Desconsolado miraba la hoja en blanco y su deseo fue tan profundo que por su ventana entró un ser alado. El niño le pregunto:
-¿Quién eres?
- Malaika, repondió el ser alado.
Malaika a su vez le preguntó su nombre  y este abriendo los ojos con asombro le dijo:
-Niño, por su puesto,  ¿no lo sabes?
Malaika sonrió y le contó que había un lugar secreto donde esconder las perdices, para que nadie se las coma. 
-¿Quieres ir? le dijo extendiendo su mano, Niño la tomó y sin decir más se encaminaron a ese lugar.
El lugar se llamaba “Aquí” y estaba tan cerca que nadie lo podía encontrar. Cuando la gente lo empezaba a buscar se pasaba siempre de largo, volvía sus pasos ¡y otra vez!
Malaika le explicó que para ingresar solo podían hacerlo juntos, tomados de la mano y pensar ambos la palabra secreta. En un movimiento suave, se acercó a su oído e hizo silencio ya que la palabra era tan secreta que nadie la había dicho nunca.
Ya dentro Niño empezó a recordar el lugar, en el que nunca había estado.
No tenía límites, ni medianeras, a su paso las cosas que eran transparentes se iban desvaneciendo y había solo una casita muy coqueta, sin puertas y con ventanas que ocupaban toda la pared. En el ingreso había un perchero donde dejar los miedos colgados.
“Aquí”, se transformaba cuando ellos entraban en un pueblito de solo dos habitantes, que rápidamente se pusieron de acuerdo y por amplia mayoría determinaron que no habría leyes que no se puedan cumplir.
      Niño recorrió Aquí y con los ojos muy abiertos iba asombrándose con lo que veía. Los negocios no eran negocios, se llamaban tomadurías, donde solo tenías que tomar lo necesario, no había por supuesto despachante, ni existía el dinero. Había en el cielo una luna siempre llena, aunque fuera de día y la única tomaduría en riesgo era la que vendía abrigos, porque al sentir frío solo bastaba con abrazarse. 
      Niño junto a Milaika aprendió todo esto y mucho más, notó que los relojes repetían siempre el mismo “tic tac”. Aprendió a hablar con las manos y que cuando estas conversan, sus dedos se entrelazan. Milaika, le enseñó a ver con los ojos cerrados y acariciar con la piel mientras las manos dialogan. Dicen que no había una vez, que no hubo una vez, que hay una vez y que Niño y Milaika vivieron allí solo esa única vez y para siempre.
      Y ¿Las perdices?
      Cierto, las perdices, quién sabe, ya son libres y están a salvo, porque nadie se las comió.

martes, 10 de enero de 2017

VECES (Prosa poética)


A veces me siento como una especie de Atlas sosteniendo al mundo, mi mundo tal vez. Entonces, las cervicales acuden al dolor como método no invasivo y Mis brazos marcados se pliegan y me recuerdan silentes que la piel es un manto de piedad y olvido.
A veces la noche olvida la idea de pensarse para dormir, mientras intento esquivar el latente correlato entre sueños y falta de sueño. Desprevenido recuerdo que el tiempo es apenas una magnitud que mide sucesos ordenados. 
En mi vida desordenada, se hacen  inevitables el recuento y el posterior balance que termina por descorrer velos impensados. La autocrítica nace espontánea y a punto de auto condenarme a muerte, el perdonarme a mí mismo surge salvador. 
A veces noto que en ese desorden, sin embargo, tengo tantos años prolijamente ordenados en décadas de vivir pensando, de pensar viviendo, de pensar para vivir y de vivir para pensar y que aun así no he podido arribar a conclusión alguna que no me deje más que más tela para cortar y un puñado de sentimientos. Desgarro mis vestiduras y aplico paños fríos mientras en el telar de mis disquisiciones tejo la tela que sería envidia de cualquier araña.
Tu gata te araña en el preciso momento en que levantar mi vuelo se hace inevitable. No sé si aterrizo o caigo. No sé si esas uñas filosas han sido una herramienta que exige amor o simplemente un método transitivo de volverme a la realidad.
Vuelvo y me vuelvo a ir, dejando sin dejar. Me siento como si estuviera parado en el precipicio de tu sofá, como tu gata que logró atrapar mi atención. Solo que ella está tan tranquila y confiada. Siempre me pregunté si a ellos, los animales, les dolerán las cervicales. Ella está haciendo equilibrio naturalmente, yo, debo abrir los brazos para no caer e imagino frente a mí un fino cable de acero. Pie, tras pie me alejo tironeado por el dolor egoísta de dejar y el anhelo de encontrar. Mientras mascullo la inevitable frase que me vincula con sentarme a esperar. 
A veces el desvelo me lleva a abandonar la cama y asociarme a ese sofá diurno que hoy será noctambulo. La luna redondea con su brillo el entorno recto de la habitación. No la veo, no es necesario, ella siempre está.
Vuelvo a caer, esta puta realidad desvaneció mi alambre, mi hambre por escribir, al punto de perder el deseo minucioso de elegir las palabras correctas.
Despierto de mi sueño despierto y solo tengo clara una cosa, me encaminaré hacia el sur. El final está cerca.

martes, 3 de enero de 2017

DIFUSO


Desde este mirar 
entrecerrado
Se ven tus ojos
profundos
tu cuerpo sediento
y la oscuridad
oculta y difusa
de este páramo de amor.

SI TE VIERAS A LOS OJOS

Si te vieras como yo
si pudieras entonces
plantarte frente a tus ojos
vislumbrar su brillo
y descubrir ese destello
si vieras esa lucecita tenue
que brilla y surca lenta
esta distancia escasa
si pudieras verte a los ojos 
como lo hago yo 
mientras aspiro y tu exhalas

DEDO CHUECO

el inmenso instante 
en que mi dedo roza 
tu dedo chueco 
la noche se hace 
sueño y falta de sueño 
toda explicación 
pende de un verso 
se hace luz de candil 
y esa noche 
va destiñendo en amaneceres 
que tropiezan 
con algún te amo 
hecho de lápiz y papel

¿QUÉ SERÁ Y POR QUÉ?

Despertar de madrugada
soñándote en versos
casi sin dormir 
y al hacerlo
volverte sueño permanente
sueño de respiración lenta
que susurra tu nombre
en intentos sutiles
y deseos poderosos.
¿Qué será y por qué?

OJO MOROS

Esos ojos moros
Que calan hondo
Que zanjan indoloros
Y miran hasta el fondo.

Esa mirada profunda
Que esconde y reluce
Que vacía e inunda,
Esa mirada seduce.

Esos ojos de un negro
Siempre tan claro
Los miro, me íntegro
Me detengo, me disparó.

Esos ojos, esa mirada
Si me observan la descubren
Tan nimia e iluminada
Se posan, te desnudan y cubren.

Esos ojos, su mirada
Que dicen tanto
Sin decir nada
Ojos moros... Llenos de encanto.