La humedad reciente
de una lluvia tardía
me sube por los huesos
ávidos de algo que los haga sentir
aunque más no sea
este frío desesperado
porque muere el invierno.
Mis pasos me encaminan
al rio de los recuerdos
agua mansa que lame mis orillas
me apacigua con su lengua húmeda
primero y en su retirada
me desespera después
y sobrevienes tú
siempre tú, ausente y olvidada
en un aparente transcurrir
de esta vida que perece.
Es que siempre reapareces
como esa ola tranquila
como ese húmedo y tardío frío
siempre tú, en mis ojos húmedos
o en mis áridos recuerdos
esperanzados de beberte a gotas.