miércoles, 7 de diciembre de 2016

GARECA








“Yo le presté mi imaginación, el compartió su dolor”








Hace años que me observo
sin espejos y sin más,
solo miro hacia adentro
y veo ese viejo dolor enquistado.

Me renace, recordando
un cielo límpido y claro
que ya no he de ver
y aquel aire hoy enviciado.

Añoro esa brisa,
su calor abrasante
y entre la fronda tupida
mis compañeros de antes.

A pesar de tanta agonía
sin querer he aprendido
a levantar limitado
este vuelo corto y rasante.

Aunque con caminar me alcance
entre estos hierros entrecruzados
que alguien pintó de un naranja
que me recuerda tanto al pasado.

Me contento a veces con molestar,
a mis forzadas compañeras
de esta soledad compartida,
como si no tuvieran ellas bastante.

Palomas grises hasta en su destino,
silenciosas como el mío,
tan tristes como la vida,
casi un agravante en mi condena.

De tanto en tanto me paro sublime
en lo más alto de este encierro,
no sé bien si para sentirme importante
o porque al hacerlo mi horizonte se expande.

Como sea, siempre vuelvo frustrado
de tan cortas aventuras.
Si ya nadie me respeta
ni siquiera estas tontas y grises palomas…

Si por más que prolongue la vista
y estire mi cabeza
nunca más te he divisado
mi bosque precioso y tan preciado.

Ya solo eres un recuerdo,
que de a poco se han mezclado
entre imágenes difusas
con esta dolorosa realidad.

Triste me voy acostumbrando
a ser “Gareca”, el papagayo enjaulado
que dócil y tierno está pagando

el pecado de un plumaje llamativo.

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